Mi abuelo me enseñó a no estar picando en tantas partes. Nací muy pobre, tan pobre que la pobreza nos hablaba de usted y desde muy chico empecé a trabajar. Empecé a hacer varias cosas, tuve en un cajón para bolear y como tenía primos empecé a rentarles cajones, también vendía huevos, gallinas, hacía de todo. Y un día me preguntó mi abuelo por qué hacía mil cosas, me sugirió que mejor escogiera la que me dejara más, que era vender verduras. Me dijo: ‘pues haz eso, ¿para qué pierdes el tiempo en lo demás?, dedícate a una sola cosa.